domingo, 31 de diciembre de 2017

Diez Formas de Amar a México


1-Estudia. 
2-No te conformes, sigue estudiando.
3-Fijate una meta concreta. 
4-Ayuda a los más cercanos a realizar sus metas. 
5-Pon el ejemplo, no tires basura. 
6-Se puntual, honesto y no corrompas a las autoridades. 
7-Respeta a los demás, incluso a quien no piense y crea igual que tú. 
8-Siembra un árbol. 
9-Cultiva valores en ti y en tu familia. 
10-Haz una lista de las cosas que te gustaría mejorar, trabaja en ello.

Feliz y Prospero 2018, les desea, Leopoldo Espinosa, y el equipo de Leyendas de Tijuana. Ah, y…

11-Se agradecido. 
Gracias por seguir nos. 




¿Qué fue de la mujer que bailó con el diablo?

Y, usted, amable lector, ¿sabe qué pasó con aquella mujer? ¿Quién fue, si en verdad existió o si ya murió? ¿Quién es, si aun vive? ¿Realidad, o engaño? Cualquier información que tenga al respecto, mándela, si gusta, a mi correo personal, o, si gusta, déjela aquí en los comentarios...

Tijuana, Baja California. Dice la leyenda que una joven mujer allá en los setenta, en un acto de rebeldía en contra de sus padres se fue a divertir a los antros de Tijuana en busca de un bailador, hay quienes afirman que incluso, aquella joven mujer dijo: “hoy salgo bailar, y bailo, aunque sea  con el mismísimo demonio”.

Esta leyenda surge por un hecho consumado; por algo que pasó, lo cual por algún motivo se encontró a una mujer, cuyo cuerpo quedó tendido en la pista de baile, mientras su misterioso bailador huía del Aloha, perdiéndose entre la multitud que deambulaba por la avenida Revolución; mientras, que algunos de los demás clientes de aquel antro afirman haber visto como le salía todavía humo al cuerpo aparentemente inerte de aquella desolada mujer; a bote pronto, otros clientes se alejaban azorados. 

¿Pero qué pasó realmente a aquella mujer? 

“Vino la SEMEFO por ella, cuando un médico legista señaló que había fallecido a consecuencia de una descarga eléctrica”, dice “José Romo” uno de los antiguos guardias de seguridad que vigilaban aquel antro que por temor a las criticas ha pedido quedar en el anonimato bajo ese alias. 

Personas que dicen haber sido de aquel grupo de gente que decidió seguir ahí hasta que vinieran las autoridades, afirman que no fue la SEMEFO los que vinieron a recoger lo que parecía el cuerpo ya sin vida de aquella joven mujer, sino la Cruz Roja; lo que implica que realmente no murió, que sobrevivió la descarga eléctrica y, que aquella mujer —dicen otras personas— sigue internada en un hospital psiquiátrico. 

Brenda Liliana nos comparte…

Una compañera de la escuela platica que la mujer que bailo con el diablo es su tía; que el joven con el que bailó era un joven de ojos azules, muy guapo, y que portaba un traje elegante; que cuando bailaba con ella le dijo: “No mires abajo”; no pudo con la curiosidad y ella, mientras bailaban, empezó a recorrer lentamente su mirada por las partes bajas del cuerpo de ese joven hasta que llegó a sus pies y, miro hasta abajo, de los finos zapatos y sin calcetines, alcanzó a ver una pata de caballo y otra de gallo; esté encolerizó y la abrazó hasta dejarla sin aire; y de ahí ya no recordó nada, perdió completamente la memoria, hasta ya después de muchos años la volvió a recuperar; sus padres la encontraron en el hospital General; y el lugar en donde bailaron se incendió; por su puesto, el Aloha en la avenida Revolución de Tijuana. La tía de mi amiga, sigue viva, no está loca; en todas las familias hay secretos, la conforto.

Doña Gertrudiz dijo…

Yo tenía como 40 años cuando pasó esa desgracia en la avenida Revolución, todo mundo en nuestra área de trabajo se conmocionó y me atrevo a decir que toda Tijuana, nosotros porque eramos de las y los que íbamos a bailar seguidísimo cada viernes al Aloha, nos pudo haber tocado ver de cerca esa tragedia… ¡Qué miedo!, pero de que pasó, pasó, no es un mito.

Sebastian Flores nos comenta…

Ya ve cómo son nuestros gobernantes. Seguramente a esa joven se le enredó en sus pies algún cable hechizo de la luz y se accidentó, y, como había dinero de por medio, inventaron todo eso, la pobre se merecía justicia. Es como el caso del niño que fue muerto por sus padres fanáticos en Ensenada porque no quería leer la biblia pero como es una comunidad “cristiana” con dinero, callaron a como diera lugar a la prensa, e inventaron un castigo “divino”. Desafortunadamente es culpa de nosotros, son las autoridades que nos merecemos, el pueblo elige a sus gobernantes que se merece. Dios guarde la hora.

Ema Morales sugiere...

Ustedes que son la alternativa para la prensa, la que en vez de informar nos da atole con el dedo; deberían de hacer una investigación, en serio, profunda. Creo que los tijuanenses, y más, todas aquellas personas que nos tocó vivir ese trágico acontecimiento nos merecemos saber la verdad, ¿qué fue de la mujer que bailó con el diablo?


miércoles, 20 de diciembre de 2017

El Cine al Final de la Calle

Un recuerdo es aquella imagen del pasado que se tiene guardada en la memoria; un buen recuerdo seguramente es la gratitud del corazón; un mal recuerdo, tal vez es aquella herida en la que hay trabajar para sanar; por lo tanto, la memoria siempre es buena, ya sea para agradecer o para sanar, o, para ambas, agradecer y superar; con esta reflexión, y esta historia aprovecho para desearles, Feliz Navidad y Prospero 2018.

La calle Manuel Meza era; o es, tal vez —no lo sé porque ya no he vuelto— un callejón sin salida, de una manzana de recorrido. Éramos quién sabe cuántos niños. ¿Cómo olvidarlo? Había una niña que organizaba fiestas infantiles en su casa pero terminaba viendo la fiesta a través de una ventana, y otro que cuando su amiguito rompía el vidrio de la ventana de alguna casa, le echaba la culpa nada más y nada menos que a su propio hermanito… Éramos un estuche de monerías. 

No éramos niños pobres los de la colonia Ruiz Cortines, pero siempre buscábamos la forma para que los más ñoños les pidieran dinero a sus papás para los dulces, un día caí en la cuenta de que los papás de los más ñoños bien sabían que los dulces iban a ser para todos, porque siempre alcanzamos todos. 

Los adolescentes de aquella era queríamos ser como la gente grande, aunque usáramos pantalones cortos y los motes infantiles demasiado aniñados sin saber que se convirtieron nuestros apodos ya de adultos; yo quería ir al cine con mi novia.  Todos los adolescentes  incluso los pre adolecentes querían ir al cine, pero ya no con sus padres, querían ir como los mayores; toda la pandilla juntos o con su alguien especial. Pero entonces parecía todo un sueño, no había dinero. Y, si querías ir al cine tenía que ser con tus padres y los nerdos de tus hermanos; no con tus verdaderos amigos, menos con tu novia.

El milagro ocurrió un diciembre de 1974, quién sabe a quién se le ocurrió montar una pantalla gigante al final de la calle; debí haber averiguado su nombre, es un héroe que se merece una placa con letras de oro; cine gratis para todos los niños y adolescentes de aquella era, único requisito llevar tu propia silla o tu propio bote donde sentarte, y por supuesto ir bien abrigado, ya que era al aire libre, porque incluso, el ponche y las palomitas corrían a cuenta de aquel héroe desconocido.


domingo, 1 de octubre de 2017

Calavera para Peña y Lectores


México está temblando, 
se murió Peña Nieto; 
¡Ay qué pena tan grandota! 
¡Está llorando la Gaviota! 
México ya no será el mismo, 
la gente se amontona y llora, 
se abraza y se dan las manos; 
—ya no llores Gaviota— 
ya no lloren hermanos;
no es el fin de la vida, 
¡Ahí está la perrita Frida!

——☺——

Se Murieron mis Lectores

De repente se murieron mis lectores,
Ya no hay quién me lea. 
Llegó el fin de los comentarios
—lloro como si ésto fuera fin de mi salario—
y, como dijeran en el chapulín colorado:
¿Y, ahora quién podrá defenderme?
!Ah, ya sé, todavía hay tiempo, todavía aguanto!
¡Para irme de soldado!


——☺——

Estimados lectores, ¡ups! Llega octubre y parece que ya tenemos un pie al otro año, que rápido se se fue este —se está yendo— ¡y que de cosas nos trajo y lo qué falta! Un sentido anti-mexicano en USA por los cambios políticos en ese país, un vaivén en la economía, huracanes, temblores, un conteo tenebroso; pero entonces, nos damos cuenta que todo eso nos ha servido para fortalecernos. sé que es fácil y hasta muy cómodo decirlo, pero quisiera decirlo, o repetirlo si alguien ya lo dijo: Sigámosle echando ganas. 

Gracias por leerme, en realidad sé que no se han muerto, ay'tan,  fuertes abrazos.

¿Eres de otro país y no entiendes las calaveras literarias mexicanas y quieres entenderlas? Visita el siguiente enlace: Calaveras literarias en México



Yo

Quién sabe qué tiene el corredor turístico que corre de Ensenada para Tijuana, que aunque esté como esté; siempre me rescata de alguna forma u otra, parece que hoy había sido la excepción…

Un dolor de muelas me llevó a Tijuana; tuve que salir de emergencia en taxi para Tijuana; exactamente a las nueve y fracción de la mañana porque siendo sábado de competencia ciclista, cierran la carretera; y, “después de las doce, ya no trabajo” dice Marco mi  amigo dentista; por cierto, muy buen dentista, además no es carero. Así que tuve que salir con casi tres horas de anticipo para llegar a su consultorio.

Iba pensando, por el camino, en lo difícil que es ir haciéndose viejo, pensamientos iban y venían pero yo no me quería quedar con ninguno; los observaba y sin hacer un drama interior, trataba dejar pasarlos, y de pensamiento a pensamiento,  me iba al otro: “ya el próximo año voy a alcanzar la mayoría de edad, ¿para votar?, ¡No, para convertirme en un adulto mayor!” “¡las muelas!” “¡Ya me hice viejo”, “¿una dentadura postiza?”, “¡mis mil achaques!, el goteo, el estómago, la piel”. La piel facial me preocupa, pues quién sabe por qué me salió una serie de mezquinos que me recuerdan a la Osa Mayor en la frente. "¡Basta de quejas!"

Tantas cosas iba pensando, y aunque no me quería quedar con los pensamientos; ahí estaban y miraba de mí mismo virtualmente la frente arrugada, reseca y con esos mezquinos “estelares” en mi sien. No quería pensar más; gracias a un salto por un bache retomé mi conciencia, volviendo al presente por un instante y a la vez recordando que en estos lares era donde yo iba de un lado a otro, de Tijuana a Ensenada, y de Ensenada a Tijuana por la Libre; mismos lares, aquellos años. "¡Ya basta estás aquí y ahora!"

Aprovechando que el taxista se hizo a la derecha para recoger su pasaje, voltee a ver el retrovisor para ver mi cara, para ver mis defectos en la frente... Distrajo —por fin— mi desencadenada forma de pensar el joven que se subió, un joven como de 20 años, y sin querer al subirse al taxi, le miré su frente, limpia, sin el ceño fruncido, sin granos ni mezquinos; al  sentarse a lado de mí, me di cuenta que me identificaba de cierta forma mucho con él, así era yo, así fui yo, con el mismo rostro sin resequedades, ni manchas; con la misma grasa y el mismo nivel de pH, incluso portaba también una cicatriz muy parecida a la que me ha acompañado toda la vida, esa de la que nadie en mi casa me quiso hablar, ¿quién me descalabró?

Si se valiera, socialmente hablando, le hubiera tomado una foto al rostro de ese joven, particularmente de la sien, de los ojos hacia arriba, pues ha de cuenta que me veía en un espejo “túnel del tiempo” para verme a mí mismo; el de aquel entonces. Quise dirigirle unas palabras, pero iba de malas, “el dolor de muelas”, “qué va pensar”, “qué va pensar la gente”, uno llega a una edad que lo que es socialmente aceptado importa mucho. Me identifiqué mucho con este joven; era como un milagro, verme a mí mismo, el de hace tantos años; el mismo porte, la misma forma de vestir, mi misma timidez, su frente mi misma frente. Claro, no podía observarlo detenidamente, “¿y este maniaco?” va decir; va decir la gente, por eso saqué mi celular y quise dirigir mi atención al móvil, mientras él sacaba el suyo. 

Un movimiento brusco del carro de adelante hizo que el taxista frenara de repente. La gente le grita groserías al taxista. El joven, con su joven brazo me sostuvo del pecho para librarme de un golpe en la frente, y aunque parezca broma, yo quise hacer lo mismo, sostenerlo para que no se golpeara; nuestros cuerpos se fueron de golpe para enfrente. La gente no dejaba de decirle insultos al taxista, le dije a una señora que asustada lo tonteaba: “los conductores no tienen la culpa de lo que hacen los conductores de enfrente, sobre todo cuando el tráfico es denso porque ha sido modificado por la carrera de ciclistas”. La señora apenada me da la razón y le pide disculpas al taxista. Le digo al joven, "gracias, yo  también hice por protegerte".  
  
Entrando de la Libre al bulevar Agua Caliente y Cuauhtémoc, ya en Tijuana, el joven le dice al taxista donde lo deje, y yo quise verlo por última vez, y le digo, “discúlpame, simplemente me recuerdas mucho a mí mismo, así como eres tú, así fui yo”.

El joven con un pie ya fuera del carro, y con lo que creía era un celular en sus manos, me voltea a ver y dice:

—“Yo sé quien eres, ¿qué no me recuerdas? Mira, tu cartera y esta tu licencia, tú eres yo, ¡hasta entonces, yo!”

El joven se despide con un saludo de mano; sintiendo que estoy tomando de mí mismo con mis propias manos, le paga dos pasajes al taxista, cierra la puerta y se queda ahí. El taxista arranca el carro y me pregunta, "¿Y, este loco?"

—Ese loco era yo.