jueves, 1 de diciembre de 2011

Leyendas de Rancho Alegre


Para los que estamos familiarizados con Tijuana, sabemos que es, y donde está Rancho Alegre, la vieja Colonia 20 de Noviembre... Una de la zonas más pintorescas, con más tradición, y más leyendas en Tijuana. Rancho Alegre, donde venden la mejor Birria, donde está el Templo de San Juan. Parte de la zona del río, donde dicen que alli rondaba en noches de luna llena, aun sin luna, allí lloraba, allí ronda y allí llora...

1). La Enlutada



En Rancho Alegre, a principio de los Sesentas, cuando estaba lleno de rancherías con arboles, vacas y caballos; y todavía era muy campestre, rondaba una vieja mujer que según se decía tenía lepra.

Se dice que esa mujer había hecho una manda ¿Porqué? Es un misterio, pero su andar era siempre de media noche...

Tocaba de puerta en puerta; y de ranchería en ranchería, para pedir cinco centavos.

Aquellos que se negaban a darselos, sufrían de travesuras que La Enlutada les hacía, por ejemplo: Abrir las llaves del agua, romper alguna maceta, o darles un susto repentino.

2). La Monja Blanca


Varios de los que aqui vivimos en Rancho Alegre lo hemos vivido; en la carretera vieja de Tecate a Tijuana —en ciertas noches— cuando el frio llega hasta los huesos, cuando uno anda solo manejando, por esa carretera, sucede lo siguiente:

Vas manejando tu carro sin importar la velocidad y exactamente cuando te percatas del frio, que sientes que por la piel se te mete y te hace rechinar los huesos; es en ese preciso instante, que en medio de la nada, y con el carro andando, toca la ventanilla de tu vehiculo, una mujer vestida así como de blanco; como si fuera una monja, vestida de blanco.

Gente importante la ha visto, pero tienen miedo reportarla; por ser jusgados de dementes o ignorantes.

3). La Muerta de Puerta Blanca



Creíamos que era un cuento; pero a un primo mio de nombre Enrique le pasó lo siguiente:

Su mamá lavaba y hacía trabajos para sustentar la casa; y cada viernes le daba a él sus centavos para ir al Cine Zaragoza.

Pues en esa ocasión le dijo: —mi hijo, hoy me pagaron tarde, y no vas a poder ir al cine. —Pero el chamaco insistió, y su mamá le dio para ir a la función nocturna. Al salir del cine no había nadie que fuera rumbo a Puerta Blanca (el famoso panteón donde esta Juan Soldado). Lugar que tenía que pasar para llegar a su casa; así que decidió irse caminando solo.

Tenía que cruzar por el panteón; y para su "buena" suerte, vio a una mujer delante de él que también iba por ese rumbo. Él le dijo: —señora, señora, espéreme, déjeme acomañarla. —Mas ella seguía andando. El caminó más rápido; para alcanzarla —y para su sorpresa— se dio cuenta que la mujer flotaba en el aire. En ese momento, la mujer dio su vista atrás; y su cara era la misma cara de un burro.

Mi primo corrió con toda su alma por donde había entrado; y al día siguiente amaneció tirado, en una alcantarilla abierta, aun con el miedo —miedo terrible— en su corazón.

4). La Llorona



Venía derecho del Río hasta las casas... todavía por allí ronda. ¿Es la misma de la que tanto hablan? No sabemos. A nosotros solo nos consta de lo que somos testigos; para nosotros, está es la verdadera historia, de la Llorona.

Salíamos de trabajar a las 10: 15 —de la noche—.

Varias veces la vimos, flotando sobre el río, dirigiendose hacia las casas. Llegábamos sin aire a la nuestra, perseguidos por ella. Creíamos que solo se aparecía en las noches de luna llena; y sin embargo, una de esas noches nos sorprendió sin luz y sin luna...

No, no era ningún ser vivo, ninguna broma, y ninguna coincidencia; era el grito y el lamento de una mujer —de un alma en pena— de la anima de la llorona.

Y mientras gritaba despavorida y tenebrosamente —Lamentandose por sus hijos— nos apresurábamos a la casa; pero que horror, desde el templo a nuestra casa, y sin luz; parecía eterno. Esa noche se escuchaba instante por instante; más cercano sus gritos. Como si nosotros fuéramos culpables, de lo que haya sido, de lo que haya pasado... o lo que sea.

Los tiempos han cambiado, ya tenemos luz mercurial todo el tiempo, se acabaron las rancherías y los paseos a pie; pero todavía, uno que otro estudiante nocturno, llega corriendo a su casa —perseguido por la llorona—.

Yo me llamo Adrian, y estos "relatos", no son relatos, son historias.


—Adrian—

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