martes, 1 de mayo de 2012

La Chica que Murió de Amor


—Otra versión de la Novia del Bulevar, Enriqueta Gil—

En la misma área donde esta Juan Soldado, un poco más adelante —Puerta Blanca es el nombre del panteón— hay una tumba que siempre tiene flores frescas; tumba muy limpia y arreglada; y dicen los lugareños que hay descansa una niña que murió de amor .

¿Descansa? —Me pregunto a mi mismo— Deja me explico...

Cuenta la leyenda que era una muchacha rica; y que murió de amor porque su padre la encerró y no le permitió seguir con su novio —que era un chico pobre— ella dejó de comer y murió de tristeza, la sepultaron ahí en el panteón de Puerta Blanca.

Años después, se veía —muy seguido— a una muchacha que pedía la llevaran a la iglesia de San Francisco, que está frente al parque Teniente Guerrero; cuando salía —de esa misma forma— pedía transporte, y se bajaba frente al panteón; que para entonces era un lugar solitario, en la actualidad hay muchas casas —en frente— y a sus alrededores.

En una ocasión la levantó un taxista; y decidió esperarla a la salida de la iglesia, para llevarla de regreso al área del panteón. Cuando bajó del taxi hacía frío y el joven taxista le prestó gentilmente su chamarra para que se cubriera. Ella le pidió que fuera a recoger su chamarra a una dirección que le dijo; y también le dijo que ahí le pagarían el transporte al día siguiente.

A esa dirección fue el joven taxista, puntualmente al día siguiente. El muchacho tocó la puerta; informó a la persona que le abrió que iba por su chamarra; y por el importe que la muchacha le había quedado a deber. Un señor ya viejo le dijo que no, que ahí no había ninguna chica joven. Él la describió a este señor, quien a su casa hacía pasar, y quien enseñó una foto de una joven —mi hija que murió hace mucho—; el muchacho la reconoció de inmediato, fueron al cuarto de la chica y ahí encontraron la chamarra colgada tras la puerta, el muchacho salió corriendo enloquecido. El pobre viejo se quedó atónito y adolodido.

Como podrán comprender es una leyenda, y hay muchas variantes de la misma, cada quien la cuenta a su manera. Lo que si es verdad es que su tumba está allí; y siempre con flores frescas y muy limpia. Y hay quien dice que la imagen, un hermosa estatua de mármol que la representa —como si se moviera—; pues hay quien a visto su rostro a veces con lagrimas, y sus manos —de ida en ida— cubrir su pena.

8 comentarios:

  1. ERA MI TIA ABUELA ....Y CASI ES LA HISTORIA COMO LA CUENTAN

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  2. las flores que ven enla tumba las lleva mi madre asu esposo,quien tambien esta enterrado ahi y hermano de la difunta que se aparece,por que es la unica que limpia y visita esa tumba
    nadien mas de esa familia lo hace.
    pues se olvidaron de sus muertos!

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  3. Esta es una historia para leer antes de irse a dormir, y narra sobre lo que aconteció a un joven llamado Juan Zárate, quien casi a la medianoche del sábado 6 de diciembre de 1952 bajó de un autobús frente al cementerio y se encontró con una bella mujer vestida de blanco.

    La tradición oral convirtió ese encuentro casual entre dos jóvenes en una de las historias y leyendas urbanas más difundidas, extrañas y aterradoras de Tijuana en las últimas cinco décadas. Quizá Usted, lector, recuerde haber escuchado del tema si le refiero, por ejemplo, "El Panteón de Puerta Blanca", "La aparecida del Panteón número Uno", "La Novia de la colonia Castillo", el fantasma de Enriqueta Gil o cualquier otra frase que se me ocurra y que tenga que ver con una mujer de ropas claras caminando en el cementerio más antiguo de la colonia Castillo, en la actual delegación Zona Centro. Pero en torno al caso existen documentos, testimonios y fotografías que demuestran el revuelo que se armó entre la población durante ese mes y por semanas,aunque al final el paso del tiempo ha diluido los recuerdos y deformado los hechos, generando incontables y diferentes versiones.

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  4. En esta entrega de Tijuana Fauna le ofrecemos la verdad de lo ocurrido esa noche, de la que han pasado ya 59 años y una semana.Juan Zárate, afirman los cronistas de la época, era entonces un joven recién llegado a Tijuana en esos días; provenía de Jalisco y encontró trabajo como dependiente de una tienda de abarrotes de nombre "Baja California", que se ubicada en el cruce de las avenidas Baja California y "F", donde hoy es la Zona Norte.Vivía el joven Zárate en un domicilio del Callejón Juárez con uno de sus primos, a quien se identifica con el nombre de Severiano Garibay, y con la esposa de éste de nombre
    Estela, quienes afirmaron que la noche del sábado en cuestión el muchacho andaba de fiesta pero regresó a casa corriendo con la mirada perdida, "muerto de miedo", demacrado y sin poder pronunciar palabra alguna."Creyeron que venía herido, pero al ser revisado no le fue encontrada lesión alguna", indicaron los testigos. Por años, el matrimonio Garibay conservó el testimonio que Juan escribió de su puño y letra sobre lo ocurrido, en el que dio cuenta de lo que vivió esa noche aterradora en que bajó del camión Azul y Blanco a las puertas del Panteón Número Uno en la colonia Castillo.

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  5. Juan Zárate jamás olvidaría que al descender del transporte público tuvo un encuentro con una bella jovencita "con el pelo negro rizado, luciendo vestigo blanco descotado y con una rosa en el pecho". Imaginen su impresión. Pero más aumentó su azoro cuando la hermosa desconocida le habló para pedirle que la acompañara a su casa allí cerca. Juanito debió pensar que la mujer temía andar en esos rumbos a tales horas, así que, galante, se ofreció a caminar junto con ella hasta donde necesitaba ir. Faltaba más.Recuerda el joven que caminaron por lo que hoy es la avenida Carranza, aunque no especifica si charlaron algo en particular, y que al llegar a la reja de la entrada principal en la cual observó que estaba cerrada y tenía un candado, bastó un instante en que él se descuidó para tomar un pañuelo de su bolsillo, cuando ella se le perdió de vista de repente. Al volver el rostro hacia la reja vio a la joven, pero del otro lado, adentro del cementerio cerrado con candado. Él se quedó perplejo y ella le tendió ambas manos, mientras la decía: "Ésta es mi casa, aquí vivo desde hace 23 años, ven conmigo".

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  6. En su testimonio, Juan expuso que la mujer lo jalaba con fuerza de los brazos, y que en su intento por zafarse él se frotó con las rejas metálicas y terminó con varios raspones. Al librarse de la desconocida, el joven corrió desaforadamente, faltaba más, y sin parar llegó a la casa de su primo, marcada con el número 124 del citado callejón."

    La Hermosa Aparecida"En las crónicas y reportes periodísticos aparecidos a lo largo del mes de diciembre del 52, se afirma que Zárate pasó varios días trastornado por lo ocurrido al ser elegido por una presencia fantasmal, a quien los lugareños empezaron a nombrar "La Hermosa Aparecida"."Se encuentra sufriendo grave trastorno nervioso a consecuencia de haber conversado con una bella muchacha que a la postre resultó ser un ´fantasma´; el pánico que en el joven provocó esta aparición lo mantiene privado del habla, pero valiéndose de un lápiz y papel relató la extraña aventura", señalan los recortes periodísticos consultados sobre el tema de la mujer de blanco.

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  7. Las mismas crónicas dieron fe del fenómeno social que siguió a la supuesta aparición "fantasmal", en la cual cientos de personas, de Tijuana y de otras regiones, hacían fila para visitar el Panteón Número Uno de la Castillo para rezar una plegaria a "La Hermosa". Desde los primeros días, el público atribuyó la presencia del presunto "espíritu" a una jovencita llamada Enriqueta Gil, fallecida dos décadas atrás, y por ende las oraciones y rezos se hacían enfrente de la tumba de la Familia Gil, la cual a la fecha se encuentra en el abandono y muy deteriorada, aunque luce arreglos florales de plástico y la estatua de un ángel al centro, y se ubica justo al final del pasillo principal del cementerio.
    De Juan Zárate no se volvió a saber nada más desde esa fecha, y en la Castillo aún hay taxistas y policías que refieren historias sobre una mujer de blanco, otros la han visto vestida de novia, bella en el cementerio, sube a taxis y desaparece, o bien deambula por las calles cercanas a la avenida Carranza en busca de un valiente que quiera acompañarla.

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