martes, 26 de mayo de 2015

El Espectro del Río

La energía, esa que se queda cuando a alguien le gusta lo que hace, y lo demuestra; ¿será que esta fuente de energía perdura con el tiempo? ¿o, siempre ha estado ahí esperando ser descubierta? Que bonito es la presencia perdure y trascienda el tiempo y el espacio, como aquí nos narra Leonardo.

Este evento sucedió en mi natal Culiacán, capital del estado de Sinaloa, vivíamos mi familia y yo casi a la orilla de un río que se llama Humaya. Caminábamos como 4 kilómetros hacia arriba; hacia el norte, por toda la orilla del río, y ahí un ancianito tenía una canoa, con la que nos cruzaba a todos al otro lado del río. Más lejos había un puente, pero la aventura era cruzar el caudaloso río, como seguramente en la antigüedad lo cruzaban nuestros antepasados cuando no había puente.

El tema, para los niños era la aventura de cruzar el río que a veces era todo menos tranquilo; y para los grandes, ahorrarse el tiempo, pues por unos pocos pesos, este señor de edad avanzada nos cruzaba al otro lado del río, llegando más rápido a nuestro destino, que si rodeábamos por el puente.

Nos gustaba mucho cruzar el río, ya que con animo alegre este señor irradiaba el gusto que le daba hacer su trabajo, ahorrarle tiempo a las personas, al cruzarnos con su chalupa el río. Durante años, este viejecito fue un personaje épico, y el paseo, un paseo sin igual, porque no había otro chalupero. Poco tiempo después aquel sitio a la orilla del río se quedó solo...

Al morir el anciano, ya nadie hubo que nos cruzara del otro lado del río.

Una mañana de verano cálido, como tan cálido suelen ser los veranos de mi tierra, mi tía Chela regresó toda pálida, asustada y temblando de miedo,  pronto nos dijo que lo vio, que se acercó en su canoa y hasta le sonrió... Pero ella, como suele suceder, y como sabía que ya había muerto se alejó de ahí despavoridamente.

Los lugareños de momento también lo vieron. Al parecer el chalupero se quedó en ese lugar que tanto le gustaba, esperándonos para cruzarnos al otro lado del río.

—Cómo fue narrado por 'Leonardo Humaya' de Culiacán, Sinaloa—


lunes, 4 de mayo de 2015

Yo rescaté el Cuerpo de Aquel Niño


¿Qué tiene la ausencia de un niño? Que nada llena el vacio que deja. Que nada remplaza a quien lo pierde.  ¿Será el viento, será el sereno? Dicen que aquel niño ahí sigue. Reportes van y vienen; pero este que dejó esta persona anónima, merece nuestra atención...

Con relación al niño que se aparece en el Parque Morelos

El niño que creo yo del que ustedes hablan se ahogo en esa área, cuando apenas era proyecto la construcción del parque Morelos; allí se formaban unas pequeñas lagunas con las lluvias y los niños las aprovechaban para meterse a nadar.

El niño que saqué de ahí fue un niño de aproximadamente de 9 años de complección delgada, piel morena y vestía un short color caqui, se ahogó a las 12:15 pm —aproximadamente— en el mes de Junio de 1984.

Estaba jugando con otros niños, el cual se sumergio 18 pies de profundidad; traía dos contenedores de un galon de leche, sujetados a su cinto uno a cada lado, los cuales usaba como flotadores.

Me localizaron por radio para acudir a la búsqueda del menor vía buceo y se sacó del agua aproximadamente a las 5:00 pm.

Los dos contenedores estaban llenos de agua, al parecer no estaban bien cerrados y se cayeron las tapaderas al fondo del agua, sin que el niño se diera cuenta. El niño fue entregado a las unidades de rescate de la Secretaría de Comunicaciones y Emergencias del Gobierno del Estado siendo director el señor Heliodoro Flores, quien siempre guardaba en su casa expedientes de los casos a los cuales acudíamos.